Las 9 peores decisiones que puedes tomar como docente

Un aspecto del que se habla poco en la educación es la importancia de la toma de decisiones. Y cuando se habla, precisamente, de la toma de decisiones dichas decisiones se centran más en tus alumnos que no en ti como docente. De ahí que este artículo tenga la intención de reflexionar sobre la importancia de la toma de decisiones a partir de nueve frases que deberías evitar a toda costa. ¿Quieres saber cuáles son?

Decisiones

Imagen extraída de Shutterstock

Las 9 peores decisiones en 9 frases.

1. Lo dejo para el próximo curso. A lo largo de un curso académico vas adquiriendo conocimientos. Aprendes a través de cursos, de forma autodidacta, interactuando con tus compañeros. De todos estos aprendizajes sacas ideas que te ilusionan y que se convierten en propósitos. Pero lo malo de los propósitos es que no sirven de nada si no los ejecutas. A mí me llama la atención ver a compañeros que tienen ideas o proyectos brillantes en el mes de enero y que deciden posponerlos para el próximo curso. ¿Por qué? Déjame que te cuente mi experiencia personal en este aspecto. En noviembre de 2011 compré mi primer ipad. Al cabo de tres meses tomé la resolución de que se convertiría en mi cuaderno de profesor digitalizado. Así que al principio de la tercera evaluación sustituí mi cuaderno de papel por mi ipad. Hubiera podido esperar a crear mi cuaderno de profesor digitalizado al inicio del curso siguiente, pero en ocasiones pienso que si no lo hubiera hecho cuando me lo propuse, quién sabe si ahora no seguiría usando un cuaderno de profesor de papel.

2. Lo haré cuando salga perfecto. Buscar la perfección tiene sus peligros. Uno de estos peligros consiste en que en muchas veces se convierte en algo inalcanzable. En mi caso tuve que decidir entre optar por la perfección o por la creación, aunque dicha creación estuviera lejos de la idea que tenía. Un claro ejemplo de esta decisión fue la elaboración del Libro de texto digitalizado de mi asignatura. Sé que está muy lejos de alcanzar la perfección, pero es un libro acabado, es un libro que me llevó dos años de dedicación. Ahora que está hecho es cuando veo el enorme margen de mejora. Si en el momento en que decidí crear mi libro de texto digitalizado hubiera pensado en hacer algo perfecto, seguramente hoy hubiera impartido mi sesión lectiva con un libro de texto de alguna editorial. No busques, por tanto, la perfección, porque te aseguro que la perfección te acabará paralizando.

3. Lo haré cuando cuente con la aprobación de los demás. La toma de decisiones no es un proceso sencillo. En muchos casos implica salir de tu zona de confort para instalarte en una zona de aprendizaje de la que no siempre es fácil permanecer. Y no es fácil permanecer porque de forma consciente o inconsciente buscas la aprobación de los que te rodean.

4. Es que siempre se ha hecho así. Odio esta frase. Odio oírla de mis compañeros. Pero aún odio más oírla de mí mismo. El día que te oigas pronunciando la frase Es que siempre se ha hecho así, debes tomar la determinación de hacer algo al respecto. Se trata de una frase totalmente tóxica, de una frase que bloquea la reflexión, que paraliza cualquier proyecto, idea o propuesta.

5. Es que ahora no es el mejor momento. Lo peor de esta frase no es la frase en sí, sino el peligro que conlleva que seas tú el que la pronuncia y, aún peor, que te la acabes creyendo. Es otra frase con la que hay que ir con cuidado porque se trata de una frase paralizante, una frase que, precisamente, evita la toma de decisiones. Si te ves en la tesitura de decirla, debes inmediatamente preguntarte por qué te la has hecho, qué esconde esta frase. Busca a partir de ese momento la mejor de las respuestas.

6. Lo haré en el momento correcto. Vale. De acuerdo. ¿Y cuándo es este momento correcto? Al respecto de esta frase me gusta recordar al gran Seth Godin y, en particular, una de sus frases preferidas y que reza así: El mejor momento era el año pasado. El segundo mejor momento es ahora. Creo que no hace falta decir nada más.

7. Es que me da mucho respeto.  Esta es otra de las típicas frases paralizantes. Frases que te impiden continuar o tomar determinadas decisiones. De lo que se trata es de lo que entiendes por respeto. Sin duda se trata de una palabra comodín que esconde miedo, inseguridad, preocupación. Y lo malo es que en muchas ocasiones ese respeto se basa en tu autoconcepto, en aquello que has querido creer o imaginar. Que no te paralice nunca el respeto. Todo lo contrario. Transfórmalo en una oportunidad.

8. ¡Y a mí qué me van a enseñar esos! Esta es sin duda otra frase tóxica y, sin duda, implica una pésima decisión y es la de tener el convencimiento de que no puedes aprender nada nuevo de tus alumnos, de que no tienen nada que enseñarte. Se trata de un decisión que debes evitar porque la predisposición para el aprendizaje siempre debe estar abierta y mucho más cuando interactúas con un grupo. Yo no paro de aprender de mis alumnos. Hoy mismo un alumno de 13 años me ha enseñado cómo resolver en menos de dos minutos el cubo de Rubik. Fascinante.

9. Es que no me gustaría equivocarme. ¡Cómo que no te gustaría equivocarte! Hay que aprender del error. Es más, hay que perderle el miedo al error. Y es así porque tu problema no radica en el error en sí, sino en el miedo al fracaso. Deja que me remita una vez más a Seth Godin porque creo que explica a la perfección la diferencia entre error y fracaso en el artículo titulado La diferencia entre un fracaso y un error:

Un fracaso es un proyecto que no funciona, una iniciativa que te enseña algo al mismo tiempo que el resultado no te acerca directamente a tu objetivo.

Un error es o un fracaso repetido, hacer algo por segunda vez cuando ya deberías saberlo, o un intento fallido (por descuido, egoísmo o soberbia) que la retrospección te recuerda que merece la pena evitar.

Necesitamos un montón más de fracasos, pienso yo. Los fracasos que no nos matan nos hacen más valientes, y nos enseñan una manera más que no funcionará, mientras que abren las puertas a cosas que pueden funcionar.

La escuela nos confunde, como lo hacen los jefes y la familia. Adelante, fracasa. Pero intenta evitar los errores.

Acabaré este artículo con una frase que me encanta de Thomas Carlyle y que reza así:

Para disipar una duda, cualquiera que fuera, se necesita una acción

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