5 Maneras de enseñar a premiar el error entre tus alumnos

Sí, has leído bien. Se puede y se debe premiar del error. Hay que enseñar a premiar el error. ¿Por qué? Muy sencillo. Premiando el error consigues que tus alumnos ganen en confianza, refuercen su autoestima y mejoren su autoconcepto. La escuela desde siempre ha castigado el error, lo ha penalizado. Y ese ha sido uno de sus mayores errores. Y te diré por qué. Pues porque un alumno que nunca se equivoca nunca aprenderá nada nuevo. En este artículo tengo la intención de enseñarte 5 formas de premiar el error entre tus alumnos para fortalecer su autoestima. ¿Me acompañas?

Premiar el error

Imagen extraída de Shutterstock

1. Premiar las intervenciones, no las respuestas. Intenta dejar muy claro desde el principio que el error forma parte del aprendizaje. Del error se puede aprender, del error te puedes reír, no de los compañeros, sino con los compañeros Por eso, tienes que premiar la acción y la participación y dar un valor secundario a las respuestas que te den tus alumnos. Si premias las intervenciones, entonces harás que tu clase sea más participativa, más plural, que todos los alumnos tomen el riesgo de equivocarse. Todos, sin excepciones.

2. Modificar la percepción en pruebas y exámenes. Refuerza los aciertos. En pruebas y exámenes puedes incidir en los aciertos o reforzar los errores. Fíjate en la diferencia que existe entre estas frases:

  • Castiga el error: Tienes siete errores. 
  • Castiga el error: Sólo has acertado tres de las diez preguntas de la prueba.
  • Premia el errorHas conseguido tres aciertos. Si te esfuerzas un poco más seguro que conseguirás aumentar el número de respuestas acertadas.

3. Insistir en que el error es el inicio de la respuesta correcta. Es muy frecuente preguntar oralmente a los alumnos. En el caso de que se equivoquen a la hora de responder, aprovecha este error para centrarte en la respuesta que ha dado, no en la pregunta que tú querías que diera. Fíjate en este posible diálogo entre docente y alumno:

  • Docente: ¿A qué categoría gramatical pertenece la palabra ‘hermoso’?
  • Alumno: Es un sustantivo.
  • Docente: ¿Cómo termina la palabra?
  • Alumno: En -oso.
  • Docente: Busca una palabra que acompañe a hombre y que acabe en -oso.
  • Alumno: Hombre furioso.
  • Docente: ¿Cómo definirías furioso?
  • Alumno: Es una cualidad.
  • Docente: ¿Y a qué categoría pertenecen las cualidades?
  • Alumno: A la categoría del adjetivo.
  • Docente: ¿Puedes poner la palabra ‘hermoso’ a continuación de la palabra hombre?
  • Alumno: Si, hombre hermoso.
  • Docente: Por tanto, hermoso es una cualidad.
  • Alumno: Sí, así es.
  • Docente: Entonces, ¿a qué categoría pertenece la palabra hermoso?
  • Alumno: No es un sustantivo, es un adjetivo.
  • Docente: Felicidades. La respuesta es correcta.

4. Matizar los errores y acentuar los aciertos. Hemos quedado en que no hay respuestas erróneas. Simplemente, que hay respuestas que necesitan más preguntas para que se acierten. En este sentido es fundamental la primera respuesta que des cuando un alumno te responda de forma errónea. Por el contrario, debes acentuar, debes reforzar al máximo cuando se acierte.

5. Compartir el error. Siempre he pensado que el error es la viva imagen de la soledad. Cuanto te equivocas te quedas completamente solo con tu error. Nadie quiere acompañarte. Hay que cambiar esa percepción tanto como sea posible. ¿Cómo? Enseñando a tus alumnos a pedir ayuda a sus otros compañeros e intentado que sean ellos quienes lo elijan, no tú. ¿Qué conseguirás con ellos? Algo fundamental. Compartir el error, compartir la primera frustración que se siente al no tener la respuesta que quieres. ¿Cómo hacerlo? Aquí te dejo un ejemplo:

  • Docente: ¿Cuál es la capital de Francia?
  • Juan: No lo sé.
  • Docente: ¿Qué compañero te gustaría que te ayudara a responder a la pregunta?
  • Juan: Andrés.
  • Docente: Andrés, ¿sabes cuál es la capital de Francia?
  • Andrés: Creo que es París.
  • Docente: Juan, ¿tú qué crees?
  • Juan: ¡Sí, es París! Ahora me acuerdo.
  • Docente: Felicidades a los dos. Ambos habéis acertado la pregunta.

La escuela de hoy aborrece el error, penaliza el error, castiga el error, cuando el error es una extraordinaria oportunidad de educar a tus alumnos. Por eso, no eduques a tus alumnos para que nunca se equivoquen. Educa a tus alumnos para que cuando se equivoquen, cuando cometan un error, sean conscientes del aprendizaje que eso implica y del valor que tiene para su autoestima, para su inteligencia emocional.

Los peores errores de la vida son los que no cometemos

 

Comments

  1. Ana says

    ¡Genial artículo! Qué lastima que mis profesores no se aplicaran este cuento y tuviesemos tanto tanto miedo en contestar… así eran las clases tan aburridas…

  2. says

    No podía estar más de acuerdo, Santiago. Como profesor de idioma extranjero (inglés) me he dado cuenta de lo expuestos que se sienten los alumnos cuando hablan con temor a equivocarse, al grado de preferir no participar en clase y no responder preguntas…

  3. Leila says

    Me encanta este blog…!!! Yo se lo pasaba a los profesores y psicólogas del colegio de mi hija, que deben reciclarse y tener la mente más abierta…!!! Gracias…

  4. Manolo says

    Creo que el título no es acertado ….

    Desde mi punto de vista no hay que premiar el error, sino reconducirlo y sacar la experiencia. “Espero no tener que premiar mi error y el de mi hija si algún día me dejo un secador encendido al lado de la bañera y mi hija lo introduce en la misma mientras se baña.”

    El error es consecuencia de nuestra naturaleza y nuestra libertad y forma parte del proceso de aprendizaje.

    Lo que hay que premiar es la actitud positiva ante el error, el esfuerzo y las ganas de volver a intentarlo.

    Me parece desafortunado el título pero el contenido no tanto.

  5. baneguis says

    Manolo me ha encantado tu comentario y el contenido del artículo.

    Aunque desde mi punto de vista sí hay que penalizar el error, si estoy de acuerdo que hay que hacerlo de tal modo que el alumno entienda que es algo natural, errar es humano y que no pasa nada, gracias a él la siguiente vez lo hará mejor. Si ocultamos los errores a nuestros alumnos, les engañamos, su percepción de la realidad no es real y cuando empiecen a equivocarse se frustrarán porque no están acostumbrados a fallar y se sienten unos fracasados por ello. Yo siempre hago preguntas abiertas, y animo a que contesten, y les transmito que no pasa nada si se equivocan, pero en el examen les indico los fallos y le penalizo algo, aunque siempre tengo en cuenta más lo positivo, pero algo creo que sí hay que penalizar.

  6. Pilar says

    Premiar el error es premiar la participación, la experimentación, la iniciativa y el autoaprendizaje. Como madre jamás me he dejado el secador encendido con agua por medio. A mis hijos los dejaba en la silleta con el babero y el plato de puré para que practicaran a su modo, pero no los dejaba solos me divertía con ellos, me aseguraba de que comieran y después limpiaba todo. En el parque les decía que tuvieran cuidado y no me apartaba de su lado, los ayudaba a levantarse cuando no podían solos y si no era nada nunca les reforcé el llanto, pero cuando se hacían daño tenían los brazos amorosos esperándoles para desahogar la pena. Jamás les he permitido estar en el coche sin cinturón ni comiendo un caramelo; escalan desde los dos.años y saben que sin casco y sin arnés no se sube. Pero es que sus padres somos los primeros que damos ejemplo. Cuando uno lo intenta y le sale mal, a ese hay que darle el premio para que lo vuelva a intentar, el que se queda quietecito y cómodo esperando que se equivoque otro es el que más ayuda va a necesitar para aprender a tolerar las.frustraciones. Muchas gracias por el artículo.

  7. andrew says

    Muy de acuerdo con lo que planteas en el artículo, hay que ponerse en marcha para así practicarlo y ver resultados, de hecho el error, de acuerdo con Manolo, es innato de nosotros los humanos, por tanto, hay que confiar en el error que cometemos para obtener una aproximación a la certeza, si no es absoluta.

  8. says

    Yo estoy realizando una investigación parecida, donde el error no sea el punto de no regreso al mismo, sino aprender del punto de quiebre donde se originoa el inicio de este y realmente aprender del error y más no evadirlo… Gracias por la aportación…

  9. Carmen says

    El artículo habla en los puntos 1,2,3 de no castigar el error en los puntos, no de premiarlo que es muy diferente. Me parecen bien todos.
    El punto 4 creo que es ratificación del 3.
    En el punto 5 no se premia el error. Eso sería si el profesor pregunta la capital de Francia y el alumno responde “Londres”. Si ahi el profesor dice “muy bien” entonces si está premiando el error.
    El punto 5 se titula “compartir el error” cuando lo que hace en realidad es compartir el acierto. Quizá el alumno primero al repetir “París” lo aprenda, pero el segundo alumno va a pensar: “¿Para qué voy esforzarme y prestar atención en clase? Mejor pienso en mis cosas o juego y luego que responda bien el otro por mi, yo lo repito y me dan el mismo premio”
    El profesor debería decir al segundo alumno: “Lo has acertado” y al primero: “lo has aprendido”. No se castiga el error que es de lo que se trata pero se llama a cada cosa por su nombre y así el niño que prestó atención/estudió no se desmotiva y lo sigue haciendo.
    Un saludo, Carmen

  10. Laly says

    Muy bueno el aporte de Carmen. Yo agregaría además que tenemos que diferenciar error a falta de estudio e interés. Como profesora de literatura, cuando hago la comprobación de lectura (y la mitad de cada libro la leemos juntos), encuentro que hay muchos que no leyeron y ni siquiera se esfuerzan en recordar lo leído en el aula. Antes de la comprobación hablamos, analizamos y despejamos dudas entre todos, sin embargo siempre hay chicos que no leen simplemente porque no quieren ni les interesa. En ese caso no son errores, son omisiones. De todas formas siempre aliento a mis chicos a leer y superarse, tratando de que ninguno se sienta menospreciado pero tampoco aplaudido ante el incumplimiento.

  11. Lola says

    Soy profesora y pienso como tú. Ojalá en los centros todos compartiéramos este punto de vista. Creo que haces un gran trabajo con el blog. Con tu permiso, me gustaría utilizar algunos de los artículos el próximo curso. Gracias por tu labor.

  12. consu says

    Queridos compañeros, leyendo todos estos artículos me he dado cuenta que voy por buen camino. Hacemos muchas cosas, de las cuales no reflejamos en un papel. Hay que seguir sin duda educando y aprendiendo de todo, también de los errores. Un saludo

  13. hannaloc says

    He leído varios artículos publicados en este blog y todos ellos me han gustado mucho. Pero hay algo que me ha llamado la atención y que -creo- podría mejorar. El lenguaje, en general, es poco inclusivo. Utilizar “alumnado”, “profesorado” y términos similares creo que ofrece una imagen más inclusiva y más acorde a lo que hay en las aulas. De nuevo, gracias por los contenidos que comparto -al menos los que he leído hasta ahora- y un saludo

    • says

      Gracias por tu comentario. Si te remontas a los primeros artículos del blog, verás como he suprimido la palabra profesor por la de docente. En cuanto al término alumnado reconozco que a día de hoy no la utilizo. Tomo cumplida nota de tu observación y gracias de nuevo por aportar valor al blog a través de los comentarios.

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